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In time (2011)

No estamos hechos para vivir así. No se supone que vivamos por siempre. 

"In time" transcurre en un futuro donde el tiempo es, literalmente, dinero. La gente deja de envejecer a los 25 años, pero, para seguir viviendo, debe trabajar y ganar tiempo, el cual corre segundo a segundo en un verde fluorescente a través de sus brazos. Es un mundo donde los pobres trabajan día a día para subsistir y pagan 5 minutos por un café, mientras que los ricos pueden, efectivamente, vivir por siempre.

Ahora, imaginen por un segundo el tipo de película que podría hacerse con ese concepto. El potencial. Las posibles situaciones. Argumentos. Los comentarios sobre el estado del mundo actual.

"In time" explora estas posibilidades... por no más de 20 minutos.


Will Salas (el ex-NSYNC Justin Timberlake) es un trabajador en un gueto de clase baja, quien tras un encuentro casual amanece con 100 años en su brazo. Es millonario. Se muda a una zona de clase alta donde conoce a Sylvia (Amanda Seyfried), con quien termina entablando una relación a lo Bonnie y Clyde, robando bancos para darles tiempo de vida a los pobres.
 

Que el argumento de la película se reduzca a eso es casi insultante. Aún más, "In time" casi no juega con las posibilidades que tiene a disposición. En un momento el padre de Sylvia presenta a su suegra, su esposa y su hija a Will, y resultan no solo tener la misma edad sino ser casi idénticas. Las implicaciones son interesantes, pero nunca terminan de ser desarrolladas.

Y, como si los protagonistas débiles y el mal argumento no fuese poco, "In time" esta llena de situaciones ridículas. Una máxima del cine dice que las películas no deben ser creíbles sino coherentes. Si vamos a aceptar el argumento, las situaciones deben tener (por lo menos) lógica dentro del mismo. No puedo escribir mucho más al respecto sin arruinar la película a quien aún no la haya visto, pero si puedo decir esto: prepárense para encontrarse con infinidad de situaciones sin sentido alguno, u incoherentes con lo que haya ocurrido 10 minutos antes.


Andrew Niccol (Gattaca, Señor de la guerra, El show de Truman) escribió y dirigió esta película, y lo cierto es que esta a años luz de sus anteriores producciones. La fotografía es hermosa. La idea es intrigante. Pero los actores principales son de segunda línea, el argumento digno de una mala película de acción y la falta de un mejor editor para el mismo arruinan lo que podría haber sido una obra maestra. No hay nada peor que el potencial desperdiciado.

Lord of war (2005)

Las balas cambian gobiernos con más seguridad que los votos.

En el transcurso de "Lord of War", Yuri Orlov (Nicholas Cage) argumenta y justifica que su producto mata menos gente que el tabaco y el alcohol combinados. Este cinismo marca también el ritmo y el humor negro de la película: Yuri Orolov es un vendedor de armas internacional. Cage narra, al estilo de "Buenos muchachos" o "Casino" la historia de Yuri, quien pasa de ser un don nadie viviendo en Ucrania a convertirse en el mayor contrabandista de armas a nivel mundial en un lapso de 20 años.

Yuri, se dice a si mismo, es un eslabón más en la cadena. Un intermediario, y si no fuese él alguien más tomaría su lugar. Ley de oferta y demanda. Solo comercia, no aprieta el gatillo. Cage, que resulta un actor con muchos altibajos, brilla en este papel y le da a Yuri un matiz irresistible: el de un empresario de saco y corbata carismático, hábil vendedor y padre de familia, pero sin compás moral ni conciencia. O sea, un ejecutivo hecho y derecho. "No le vendí a Bin Laden", aclara, "pero no por una cuestión moral. Sus cheques siempre rebotan." Yuri se miente a si mismo, a su hermano, y a su familia, sencillamente porque es bueno en lo que hace.

Al mismo tiempo debe balancear a su negocio y a su hermano adicto (Jared Leto) con su vida aparentemente perfecta, su esposa modelo (Bridget Moynahan) y la persecución incesante de un agente de la Interpol (Ethan Hawke), quizás el único personaje con una moral definida en toda la historia. La película tiene el ritmo de un buen thriller - mérito de Andew Niccol, quien escribe y dirige con muchisima altura, y llena a la historia de dilemas morales, guiños a eventos reales y sátira politica. Yuri es un hombre que sabe que el mal no existe sin el bien, pero aún asi el mal casi siempre prevalece, y toca fondo no menos de tres veces en el transcurso de la película. Para la segunda sencillamente ya no le importa.

Cabe destacar el tercer acto, donde se introduce a André Baptiste (Eamonn Walker), un dictador Africano encantador pero sin remordimiento alguno, que recuerda demasiado, y no casualmente, a Charles Taylor. André, a diferencia de Yuri, entiende perfectamente que lo que hace y sencillamente no tiene reparos en ordenar una matanza o volarle los sesos a un subordinado. Las escenas que comparten se roban la película, particularmente en la que Yuri se gana la confianza de André vendiéndole un révolver.

Con una dirección impecable (ya desde la primer escena, sencillamente increible), un ritmo atrapante y una historia muy bien escrita, "Lord of war" fue una de las mejores películas del 2005 y uno de los puntos más altos en la carrera de Cage. Recomendada.